LA MUERTE DE RICARDO CORAZÓN DE LEÓN (1157-1199)
Ricardo I, más conocido como
Ricardo "Corazón de león" fue el tercer hijo legítimo
de Enrique II y Leonor de Aquitania. Nació en Oxford en 1157, pero
con la separación de sus padres permaneció con su madre en
Francia donde recibió una refinada educación.
Conocida es su participación en la tercera cruzada y una vida llena de luchas y campañas, viajes y cautiverio. También se conoce su desavenencia con Juan, hermano que estuvo a punto de destronarlo y al que perdonó más por intereses políticos que por buen corazón.
Pero lo menos conocido y que más afecta a esta reseña histórica es lo relativo a su muerte.
Se dice de él que era un hábil ballestero, pues tenía bastante maestría en el uso de la ballesta además de las armas de caballero. Hasta el la segunda mitad del siglo XIV no llegaría el reinado de los arcos largos ingleses y durante su vida la ballesta era la mejor arma arrojadiza de la que se disponía, tanto para asedios como para defensa en los castillos, torres y fortificaciones.
Fue durante 1199, en el asedio del castillo de Chaluz en Francia. Ricardo se hallaba sofocando una revuelta protagonizada por el vizconde de Limoges, que en plena lucha de Ricardo I rey de Inglaterra con el Rey Felipe II de Francia se había pasado al bando francés. En plena Cuaresma, ignorando que los cristianos no debían pelear entre sí en tan sagradas fechas, Ricardo arrasó las tierras del vizconde, algunas fuentes dicen que al no entregar el noble un tesoro de origen romano encontrado en sus tierras.
Ricardo puso sitio al castillo de Chaluz-Chabrol y durante tres días atacó con todos sus medios incluyendo las actividades de los zapadores para derribar los muros del castillo mediante un túnel. Sin embarco el castillo carecía de guarnición y estaba pobremente defendido, al punto que Ricardo lideraba el ataque de sus ballesteros en persona, paseándose delante de las murallas sin armadura y protegido sólamente por un yelmo y disparando flechas y lanzas personalmente al castillo.
Desde el castillo poca respuesta recibían aparte de algunas piedras y flechas que les arrojaban. Sin embargo en las murallas había un hombre que divertía mucho al rey pues se pasaba el día en las atalayas, ballesta en mano, respondiendo a los asaltantes con sus saetas y cuando no se protegía de los atacantes con un ....... sartén grande, a modo de escudo.
Este hombre cogió su ballesta y apuntó decididamente al Rey Ricardo que lo miraba directamente y aplaudía divertido su acción, quizá pensando que no le acertaría ya que no se protegía ni con el pavise que tenía delante. Sin embargo la saeta se clavó en el hombro del rey, cerca del cuello y además en su penetración por el cuerpo del rey se introdujo hacia el lado izquierdo. El rey no hizo gesto alguno de dolor ni de haber sido alcanzado para no alarmar a los suyos, pero marchó a su tienda para que le atendieran los "cirujanos" a su servicio.
Estamos en 1199, finales del siglo XII y la medicina occidental de la época era la que era así que el resultado de su intervención no es de extrañar.
Ricardo se arrancó parte del ástil pero dentro de su cuerpo quedó un trozo de un palmo de tamaño, con la punta. El cirujano (carnicero) que intervino al rey movió la flecha más de la cuenta porque no la podía encontrar y produjo "gran daño", al monarca. Estas heridas mayores acabaron por gangrenarse a pesar de los emplastos.
Finalmente convencido de que no enía salvación, Ricardo ordenó sus asuntos, tras nombrar heredero a su hermano Juan y legar sus joyas a su sobrino Otón, mandó llamar al ballestero que le había herido. Se dice que era un muchacho llamado Beltrán de Gurdun que al ser preguntado por el rey contestó que lo había hecho para vengar la muerte de su padre y dos hermanos por parte de Ricardo y sus tropas y que no temía el castigo de Ricardo puesto que éste iba a morir pronto y el había cumplido su labor.
Esperando ser ajusticiado, para su sorpresa Ricardo, en un acto de piedad, lo perdonó y le entregó una bolsa con 100 chelines con órden de que le dejaran libre.
Así diez días después
de haber sido herido, otros dicen que fueron once, el Rey Ricaro I "Corazón
de león" falleció. Sucerpo, corazón y visceras se
repartieron por diversos lugares según su voluntad. Sin embargo
para el ballestero al que había decretado la libertad las cosas
no fueron tan bien, Mercadier, aliado del rey, a su muerte decidió
que Beltrán de Gurdún no merecía tanta clemencia y
lo mandó a desollar y que posteriormente fuera colgado.
Para saber más:
http://www.fortunecity.es/poetas/cuentos/136/index.htm